
La muerte ha restituido al silencio su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo. Aún si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.
(Alejandra Pizarnik, de La extracción de la piedra de la locura, 1968)
Dicen que yo, de solo estar, Fui apagándome Como la luz lenta y azul De un atardecer. Piensan que estoy secando el sol De la soledad Que por estar en mi raíz Ya no crezco más. Es que yo soy, ese que soy, El mismo nomás, Hombre que va buscándose En la eternidad. Si es por saber de donde soy, Soy de Anymaná. Sepan los que no han sabido Que no estoy de solo estar, Que estoy parado en el grito Bagualero del pujay. Ayer nomás ardió el pueblo Por la tierra y por el pan, Y la fogata en el valle No estaba por solo estar. Si yo me voy, conmigo irá Todo lo que soy. Lejos de mí, lejos de aquí, Yo no seré yo. Déjenme estar, de solo estar, Viendo el sol volver. Yo quiero ver en mi país El amanecer. Soy pa' durar, como el maíz, Simple y cereal. Soy pa' durar, porque yo sé Pasar y pisar. Si es por saber de donde soy Soy de anymaná.
Oriol Valls, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien.